Polonia esperaba recibir el cuerpo de la activista para realizar una segunda autopsia. Ecuador había comunicado que estaba preparado para entregarlo. Pero, cuando todo parecía listo para la repatriación, un nuevo obstáculo administrativo detuvo el procedimiento. Mientras su cuerpo continúa en una morgue de Santa Elena, las preguntas sobre su muerte siguen sin respuesta pública.
En Polonia esperaban su regreso. Después de más de tres meses desde la muerte de Mónika Silva-Koniuszek en Ecuador, la Fiscalía de Distrito de Olsztyn se preparaba para recibir su cuerpo y trasladarlo a Gdańsk, donde especialistas realizarían una segunda autopsia. Pero Mónika no llegó.
El 11 de septiembre, la prensa polaca volvió a colocar el caso en sus titulares. Wirtualna Polska informó que la entrega, prevista para el día anterior, había sido detenida a última hora por el fiscal encargado del caso en Ecuador. La noticia resultó especialmente desconcertante en Polonia porque, días antes, las autoridades ecuatorianas habían comunicado formalmente que estaban preparadas para entregar el cuerpo.
La Fiscalía de Olsztyn había solicitado entonces hacerse cargo de los restos y anunció que asumiría los gastos necesarios para su repatriación. Todo parecía preparado. Incluso un cofre térmico especial había llegado desde Quito para trasladar el cuerpo desde Santa Elena hasta la capital ecuatoriana, desde donde debía comenzar el viaje hacia Polonia. Sin embargo, después de más de tres meses en el Centro Forense de Santa Elena, Mónika permaneció nuevamente allí.
Una palabra que detuvo la repatriación
El jueves 10 de septiembre debía ser el último día de Mónika Silva en la morgue. Representantes del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM) y del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH), que acompañan jurídicamente a la familia, acudieron a realizar los trámites necesarios para retirar el cuerpo. Amigos, comuneros y personas cercanas a Mónika también esperaban en los exteriores del centro forense para despedirla.
Durante la jornada apareció inicialmente un requerimiento relacionado con documentación sanitaria y las organizaciones realizaron nuevas gestiones para intentar completar el procedimiento. Superado ese inconveniente, surgió otro obstáculo: la Fiscalía cuestionó el contenido del poder concedido por la familia de Mónika a sus representantes en Ecuador.
Según explicó Lita Martínez, directora de CEPAM Guayaquil, el documento los facultaba para realizar la “gestión y disposición del cuerpo”. El fiscal consideró, sin embargo, que debía constar expresamente la facultad de “retirar el cuerpo”. Una diferencia en la formulación terminó siendo determinante.
CEPAM cuestionó esa interpretación y sostuvo que el poder concedido por la familia contenía facultades suficientes para realizar el procedimiento. Al finalizar la jornada, la repatriación no se produjo y ahora deberá completarse nueva documentación para intentar nuevamente la entrega.
Polonia esperaba el cuerpo para una nueva autopsia
La situación contrasta con lo ocurrido al otro lado del Atlántico. El 1 de septiembre, la Fiscalía de Distrito de Olsztyn informó que había recibido la confirmación de que Ecuador estaba preparado para entregar el cuerpo y solicitó formalmente que los restos fueran puestos a su disposición.
No se trataba únicamente de permitir que Mónika regresara finalmente a su país y que su familia pudiera despedirse. Su cuerpo todavía constituye una pieza importante de la investigación abierta en Polonia y los fiscales quieren que sea examinado nuevamente.
La prensa polaca informó sobre la frustrada repatriación de Mónika Silva-Koniuszek después de que la entrega de su cuerpo no se concretara en Ecuador. Wirtualna Polska, 11 de septiembre de 2026. Captura de pantalla.
¿Por qué otra autopsia?
La pregunta surge inevitablemente: Mónika Silva ya fue sometida a una autopsia en Ecuador, ¿por qué repetirla en Polonia? La decisión no responde, al menos públicamente, a una desconfianza hacia el trabajo de los especialistas ecuatorianos. Daniel Brodowski, portavoz de la Fiscalía de Distrito de Olsztyn, ha señalado que los investigadores polacos ya disponen de los resultados de la autopsia realizada en Ecuador y valoran el material recibido.
Polonia, sin embargo, abrió su propia investigación después de la muerte de Mónika. Antes de decidir si era necesario examinar nuevamente el cuerpo, los fiscales consultaron con especialistas médicos para determinar si una segunda autopsia, pese al tiempo transcurrido y a las pericias ya realizadas, todavía podía aportar elementos relevantes para su investigación. La respuesta de los expertos fue afirmativa.
Por esa razón, cuando el cuerpo llegue a Polonia será sometido a una nueva autopsia por especialistas en Gdańsk. Los investigadores podrán realizar sus propias observaciones y contrastarlas con las conclusiones obtenidas en Ecuador.
La Fiscalía de Olsztyn ya recibió por vía diplomática documentación relacionada con la autopsia ecuatoriana. Los investigadores polacos no han hecho públicos los detalles de las lesiones encontradas en el cuerpo, pero sí comunicaron una conclusión fundamental: los elementos forenses recibidos indicaban que la muerte de Mónika habría sido consecuencia de la acción deliberada de terceras personas.
Esa conclusión descartaba la hipótesis inicial de suicidio mencionada públicamente poco después del hallazgo del cuerpo. En Ecuador, el caso continúa siendo investigado bajo la hipótesis de un posible femicidio. Las autoridades de ambos países mantienen mecanismos de cooperación: Ecuador ha remitido documentación del expediente a Polonia y representantes de las dos fiscalías han mantenido contactos para intercambiar información.
Son dos investigaciones sobre una misma muerte, con una pregunta todavía sin respuesta: qué ocurrió con Mónika Silva.
Tres meses después, las preguntas siguen abiertas
Mónika Silva-Koniuszek fue encontrada muerta el 8 de junio en su vivienda de Montañita, en la provincia ecuatoriana de Santa Elena. Desde entonces se han practicado pericias forenses, exámenes toxicológicos e histopatológicos y se ha solicitado cooperación internacional. Especialistas extranjeros también participaron como observadores en determinadas diligencias.
La investigación ecuatoriana permanece bajo reserva, lo que significa que una parte importante de las actuaciones que pueda estar realizando la Fiscalía no es de conocimiento público. Por esa razón, sería incorrecto afirmar que la investigación se encuentra detenida. Pero existe otra realidad: más de tres meses después de la muerte de Mónika, no se ha informado públicamente de sospechosos o personas procesadas por su muerte, ni se ha comunicado oficialmente que exista un móvil establecido.
Las organizaciones que representan a la familia han solicitado que se investiguen diferentes aspectos de la vida y la actividad pública de Mónika. Han pedido que sean escuchadas personas mencionadas por ella en sus denuncias, que se investiguen las amenazas que aseguró haber recibido y que se incorporen al expediente sus publicaciones, investigaciones, vídeos y denuncias.
A finales de julio se conoció que algunas de las personas señaladas públicamente por la activista todavía no habían sido llamadas a declarar. Desde entonces, no se ha informado públicamente si esas versiones finalmente fueron tomadas. Tampoco se conocen las conclusiones de otras diligencias que podrían contribuir a reconstruir sus últimas horas.
Una investigación entre Ecuador y Polonia
La ausencia de información pública no significa que no existan actuaciones dentro de una investigación sometida a reserva. Pero sí deja abiertas las preguntas esenciales: ¿quién mató a Mónika Silva y por qué? ¿Tuvo su muerte alguna relación con las amenazas que había denunciado o con su actividad como activista y veedora ciudadana? Hasta ahora, ninguna de ellas tiene una respuesta oficial.
Mientras tanto, a miles de kilómetros de Santa Elena, Polonia espera. Su Fiscalía quiere realizar una nueva autopsia, su familia espera poder recibir finalmente sus restos y las organizaciones que han acompañado el caso continúan reclamando que se esclarezcan las circunstancias de su muerte.
Mónika todavía no ha podido regresar a casa. Tres meses después, su familia continúa esperando algo más que su repatriación: continúa esperando respuestas.
